17 cosas que hacen insoportable el ir al cine

Para algunos, ir al cine es todo un ritual: hay que comprar los boletos antes, llegar con suficiente anticipación para comprar palomitas, entrar, sentarse. Las películas se escogen porque son de cierto director o comienzan una saga o el trailer las hace ver interesantes. Se sabe cuáles se terminan en cuanto aparecen los créditos y cuáles tendrán algún tipo de contenido extra al final.

Pero ese es solo el 7% de la gente que va al cine. Con suerte, es el 30% en ciertos horarios.

Al llegar

Fila 1
“¿Y no está en español?” pregunta el de hasta adelante (no en la foto)
  • La fila Es inexplicable cómo es que nos pasamos no menos de 10 horas viendo una pantalla conectada y aún así, mucha gente no compra sus boletos en línea. Los usuarios de Cinépolis se habrán dado cuenta que de unos meses para acá, su sitio y app falla y te deja a merced de asistir a la taquilla, en donde, a la hora que sea, invariablemente, hay una pareja que no pensó cuál película quería ver y está leyendo los títulos de cada una, preguntando por la trama y si sale “el actor ese que sale en la otra“. O una familia nuclear (más por el  nivel de llanto y quejas de los niños que por su estructura, esto es) que hace de todo, excepto terminar de comprar sus boletos. O el grupo de amigos que en ese momento hacen la colecta de dinero para pagar los boletos de 15 preparatorianos… que entrarán a la misma película que tú.

 

  • La dulcería Obviamente, te encuentras con las mismas personas, además de otras 30 parejas que “no saben qué pedir” y al final salen con… el combo palomitas y refresco. Cada una intenta pagar con un billete de $1000 créditos de la República o con monedas de dos centavos. Tal vez no habría tanto problema, salvo por el hecho de que, detrás del mostrador hay 15 personas y solo una de las cajas está abierta. Lo peor: las separaciones estilo banco que te hacen ir en un laberinto en donde alguien te encontrará después de que te sacas los ojos por desesperación.

 

  • La fila contraataca Cuando llegas a la sala, hay una nueva fila. Si es un estreno, no llegas a la puerta, sino que das dos pasos después de la dulcería y ves un grupo de gente acampando. Es un fenómeno similar a cuando vas a subir al avión: todos los asientos están numerados. No necesitas formarte para que no te lo ganen. No te lo pueden ganar. Cada quien tiene un lugar. Es esa combinación de letras y números en el papel que te dio la linda señorita del mostrador. No, en serio. Esto se vuelve peor porque muchas veces es promovido por los propios empleados del cine.

Al entrar a la sala

Fila 2

  • Los asientos ¿Recuerdan el papelito ese con los números de los asientos? Bueno, indican en dónde te vas a sentar. En línea y en taquilla te dan a escoger. Pero, claro, a veces llegaste muy tarde y tuviste (no, no “tuviste”, pero eso piensas) que comprar entradas para la primera fila, justo frente a la pantalla, que acá entre nos, ni siquiera debería existir. Tampoco las siguientes dos. El punto es que decides hacer lo mismo que en el estadio de futbol y escurrirte hacia esos asientos que están desocupados justo en el centro de la sala. Y claro, reaccionas con sorpresa cuando sus ocupantes llegan y te piden que te levantes. Y te enojas. Y te indignas. Eres tú. Eres México.

 

  • Los anuncios La publicidad es necesaria: paga muchos de los gastos de aquellos que la exhiben. Esto aplica para revistas, sitios web y, claro, salas de cine. Pero en algún momento pasamos de unos 7 minutos de anuncios (más otros 7 de cortos) a 17 minutos de comerciales y dos trailers, sin contar el intro de la cadena a donde fuiste. O la presentación del audio. Ah, y si es IMAX, la del sistema. Sumen otros 2 minutos si la película está en 3D. Todo eso puede ser tolerable, pero los anuncios se vuelve peores con el tiempo ¿A alguien de verdad le cambió la vida la serie de spots con Raúl Araiza explicando las bondades del Partido Verde? O ¿son relevantes los anuncios de los shows de Discovery Home & Health en una proyección de Deadpool?

 

Luces
La magia del cine
  • Luces, cámara, sonido Sí, los viejos cines eran un poco más sucios y menos sencillos de operar, pero si hay algo que parece broma en estos días, es que las luces no se apaguen cuando comienza la película o la intro de IMAX. O que los sistemas no estén calibrados y de pronto veas la película en formato letterbox. Y, claro, no olvidemos que, mientras pasa todo eso, el sonido solo sale del lado derecho de la sala. A menos de que alguien salga y se queje, jamás presionan reset para iniciar la película de nuevo como debe ser.

 

  • Los gritos No durante la proyección, sino justo cuando se apagan las luces y aparece el logo de Marvel o de DC o de Village Roadshow. Alguien siempre grita WOOOOOOOOO, como si acabara de salir Mick Jagger al encore.

 

Volumen
Tip: es el que no parece crucifijo
  • El teléfono Verán, no es molesto que alguien revise su teléfono cuando las luces están apagadas. En serio, no lo es. Hace cinco años, probablemente. Ahora las segundas pantallas son tan ubicuas que ya no lo registras. Lo que sigue siendo causal de castración química, es el bastardo (a) (Mongo es inclusivo) que no pone su teléfono en el perfil de vibración. No tiene el nivel de dificultad de conseguir privilegios root o hacer jailbreak. Es solo presionar el idiota botón del volumen, el que tiene una rayita (o, para los más sofisticados, un signo “de menos”) hasta que el aparato se sacuda un poco en tus manos, como víctima de hipotermia. Hipotermia es cuando a alguien le da mucho, mucho, MUCHO frío. Bueno, hasta que se sacuda como vibrador en potencia baja. Esto no es nuevo: yo uso celular desde 1999. O sea, hace 17 años. Eso significa que hace una demanda por estupro que la gente sabe que tiene que bajarle el volumen al sustituto de compañía humana que lleva en el bolsillo.O, por lo menos, cambiar su tono de llamadas por algo que no haya “compuesto” alguien que usa botas y sombrero de manera voluntaria.

 

Ofensa
“Qué duro está”. “Sí, y el conejo también”

 

  • La ofensa Esto pasa cada vez menos porque la tendencia es que hay que hacer todo para que la gente jamás se ofenda. Nunca. Lo cual obviamente es imposible. Seguro alguien se acaba de ofender con lo que acabo de escribir, por ejemplo. O por mi nulo uso del punto y coma. Pero, de vez en cuando, se cuela una película con escenas de sexo explícito que en el RedTubemómetro no alcanzan los 0.05 cocks. O con besos entre hombres. Los besos entre mujeres no cuentan, porque eso sí es sexy. Más de una vez, vi cómo gente de mi edad tomaba de la mano a sus novias y se salían de la sala con el corazón herido porque se habían atrevido a mostrar algo que seguramente aparece una y otra vez en su historial de Chrome. O tal vez no, pero no necesariamente es “malo” si tú no lo haces. Aunque esa es una discusión para otro momento. A la novia nadie le pregunta si se quiere quedar. Y sí, es su dinero, pero ese es el tipo de gente que agrede y discrimina en el mundo real. Nada más esperen a que estrenen Deadpool 2 y vean a Ryan Reynolds fajar con otro hombre.

 

  • La cháchara sin fin No pasa nada si alguien habla en el cine. Igual que con lo del smartphone, el mundo no explota. Pero siempre hay una medida estándar para ello. El límite debería estar cuando dos personas se la pasan platicando acerca de lo que pasó 25 minutos antes en su oficina, a voz en pecho. O cuando cuentan lo divertida que fue la despedida de soltera de la Chachis, quien, por cierto, le pone los cuernos a su novio con el becario. Dentro de ese espectro están los que van en grupo y tienen a alguien que describe todo. Si alguno tuviera algún tipo de debilidad visual, es comprensible, pero eso nunca pasa. Ustedes lo han escuchado: se sienta justo junto a ti y cuando aparece una toma aérea de la ciudad, dice “Nueva York”. El protagonista se levanta de la cama al ritmo de una canción pop y a tu izquierda dicen “Justin Timberlake” y “Zack Efron”. Una oscura golondrina en un balcón vuelve su nido a colgar y, claro, al lado dicen “Hirundo rustica“. Y así, hasta el infinito.

 

 

  • Para eso les pagan Famosas palabras que muchas veces son expulsadas a través de la boca de alguien que quiere portarse como un animal. Casi siempre tiene que ver con tirar la mitad del bote de palomitas en el piso, de roseta en roseta o  de un golpe. Sí, que se te caigan algunas o que tengas un accidente no es algo planeado, pero cuando con todo propósito tiras, una a una, las semillas que no se expandieron, bueno, eres una mierda. Más de esto, después.

 

Nachos
Buena idea en un bar. Mala idea en una sala oscura.
  • Nachos El olor a palomitas es característico del cine, tanto que provoca reflejos pavlovianos aunque estés a cinco tiendas de distancia dentro del mall. El queso de baja calidad de los nachos… no tanto. Y tampoco es nuevo, es un snack que lleva sirviéndose por lo menos 15 años, pero no es agradable. Además, esa charola siempre se cae y terminas haciendo patinaje artístico cuando intentas salir de la sala. Y eso no solo pasa en las regulares: que alguien le diga a los dueños de las cadenas que las salas VIP y Platino, con todo y los sillones reclinables y las margaritas y el uyuyuy, apestan, hieden a salami y jamón serrado acedos. Y todo por el triple del costo de un boleto normal.

 

Carmen
Güey (risas). Manito (risas). Oye (risas)
  • JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA. AAAAAAAH, JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA. The Hateful Eight tiene pocos momentos de humor real. Uno de ellos no es cuando le dan un codazo en la cara a Jennifer Jason Leigh. Basados en ello, reírte de manera exagerada cuando pasa algo que cualquiera puede saber que no es gracioso, rompe la ilusión en la que nos quieren meter el director, el guionista y los actores. Esto se vuelve exponencial cuando: a) La película es en inglés, pero aparece un personaje que habla en español y suelta un “cabrón” ocasional. No te ríes cada vez que dicen “asshole”, pero sí cada vez que escuchas estas palabras en tu idioma, aunque, de nuevo, no estén diseñadas para ello. O b) La película es en español y cualquiera de los protagonistas, usualmente Jesús Ochoa, dice algosupinchemadre. De nuevo, risas grabadas. como la primera vez que alguien llevó una revista porno a la secundaria o hicieron una caricatura del profesor en primaria y está pasando a escondidas por todos los asientos. No es que esté mal reír y gritar y aplaudir ¡las película deben hacerte sentir algo! Pero todos sabemos que no le estás entendiendo un carajo. Todos sabemos.

 

  • La venganza de las luces Los créditos todavía no empiezan, pero las luces ya están encendidas ¿Por qué? Porque fuck you, en menos de 40 minutos empieza otra función. Además, mandan al personal de limpieza a que se pare frente a todos en los últimos cinco minutos, justo cuando vas a averiguar qué demonios es Rosebud para que sepas que ya es hora de empezar a agarrar tu chamarra. Ellos no tienen la culpa, por supuesto y se nota en la cara de “perdón, preferiría beber lava” de los empleados. Claro, también está el operador del proyector que decide que ni siquiera va a dejar que corran los créditos o la escena especial que siempre existe en ciertas películas.

 

Al salir

Sala
Justo después de la última película de Martha Higareda
  • Para eso les pagan, volumen II Las luces terminan de encender a toda su potencia, comienzas a caminar para salir… y parece que entraste en un departamento de meth heads 30 días después de que alguien los encontró medio devorados por los 60 gatos y 1000 ratas que viven en los alrededores. Uno se pregunta para qué compraron palomitas ¿será que quieren alimentar a alguien que vive bajo los asientos? ¿Hay pichones en las salas y nunca me he enterado? Pero, vale, los accidentes pasan. Vale, es muy complicado comer palomitas y el manual está en chino mandarín. Pero ¿por qué dejan sus charolas, con el 80% del refresco, las 40 servilletas (que tomaron y no usaron) y basura que llevaban en bolsos y bolsillos justo en el asiento. Tal vez les sorprenda saber que afuera de la sala hay entre dos y cuatro personas que te reciben las bandejas y la basura. Yo sé, suena a fábula de Esopo, a leyenda azteca, a promesa de diputado. Pero es cierto, es verdad. Yo lo he visto. Cerdos hijoputas.

 

  • Los lentes 3D No tengo tiempo de meterme en los sistemas de proyección de una sala de cine contra los de una TV. Bueno, sí tengo tiempo, pero quiero simplificarlo. Los putos lentes de mierda que te dan en las salas, no van a funcionar con tu tele. En serio, no van a servir. Esto debería ser claro para alguien que posee un monitor 3D simplemente al tomar las gafas en sus manos y ver que son completamente distintas. Pero lo que de verdad es inexplicable, al punto de querer revivir a Jack Palance, es que haya quienes se los llevan para probarlos con su tele CRT o su 720p de Zoni. Y que, muy orgullosos, se los pongan en la cabeza en cuanto están a cinco pasos del cine, como si fueran unos Wayfarer.

 

Fila 3
Y no quieren ver la fila para pagar el estacionamiento
  • El Hijo de la Viuda de la Fila: La Venganza Quieres entrar al baño y… adivina.

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