La gran diferencia entre procrastinar y posponer

Pueden parecer la misma cosa pero no lo son. Posponer, en la mayoría de los casos, requiere conciencia de que algo se tiene que hacer después por determinados factores, mientras que procrastinar es simplemente no hacerlo, así como quien quiere evitarlo.

Por ejemplo, nosotros a veces tenemos que posponer las grabaciones de los podcasts porque está lloviendo en provincia y la conexión de internet de alguno de nosotros decide morir o ir realmente, dolorosamente, lento; que no es lo mismo que procrastinar, porque créanme que si algo nos gusta es hablar de lo que nos apasiona.

¿Por qué elegí el tema y qué tiene que ver con Mongo? Aquí va la respuesta. La procrastinación es algo así como una pandemia hoy en día, al menos entre la gente de mi edad. No es que no tengamos tiempo, es sólo que dejamos que pase sin hacer –eso– que tenemos que hacer.

Y, ¿quién nos puede culpar? Nadie quiere hacer los trámites de Hacienda, hacer el refrendo vehicular, ir a una limpieza dental, hacer ejercicio (salvo aquellos a quienes ya les picó el mosquito de la crisis del cuarto de vida / la mediana edad)…

Además, hemos tenido buenos ejemplos de procrastinadores cuasiexitosos, o por lo menos, bastante simpáticos detrás de quienes escudarnos. Tomen a George Constanza como ejemplo, el gran procrastinador, que además hasta tiene una técnica para que “verse ocupado” para que no le pidan hacer nada:

Además, está el internet y todas las series y películas que no hemos podido ver… como quieran verlo, se nos hace muy fácil pensar que podemos dejar las cosas para después porque pensamos que hay más tiempo que vida (¿así va el dicho?). Y no es así.

Una de mis películas favoritas es Waking Life, de R. Linklater, y aunque toca casi todos los temás que uno (o tal vez sólo yo) se muere de ganas de discutir con una taza de café o una cerveza de por medio, hay una frase que siempre me viene a la mente: “The ongoing WOW is happening right now!”

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Y sí, seguramente me veo/leo igual de loca que el personaje que se echa esa perorata, pero qué importa. La vida, mi mucha o muy poca experiencia, me ha enseñado que no hay mejor momento que ahora para hacer las cosas; aunque “ahora” no significa precisamente “en este momento”. Hay que hacer las cosas cuando estemos listos, y una vez que lo estemos, nada de quedarnos en la orilla de la plataforma del bungee. Hay dar el salto; ya estás listo, ya estás ahí, ¿qué más estás esperando?

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Las excusas sobran y también siempre habrá otras cosas que hacer, pero si realmente quieres hacer algo, hazlo y ya. Basta de estar en la antesala, basta de justificaciones tontas. Si quieres empezar a escribir, hazlo; si quieres aprender un idioma, hazlo; si quieres aprender a cocinar, hazlo; si necesitas unas vacaciones, HAZLO. Creo que entienden mi punto. Procrastinar, lo bueno y lo malo, sólo prolonga la agonía de estar en el limbo y te convertirá, eventualmente, en el gran mediocre que nunca hizo lo que dijo que iba a hacer.

Así que ve por ese tatuaje, lánzate al cine solo, llámale a quien has querido llamarle hace meses. O deja de hablar de ello. Sabines lo dijo mejor que yo:

Cuando tengas ganas de morirte
esconde la cabeza bajo la almohada
y cuenta cuatro mil borregos.
Quédate dos días sin comer
y veras que hermosa es la vida:
carne, frijoles, pan.
Quédate sin mujer: verás.

Cuando tengas ganas de morirte
no alborotes tanto: muérete
y ya.

Pero no se lo tomen literal, no se mueran, sólo vamos a proponernos dejar de estar muertos en vida ¿va?

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