Alvin and the Post-Punks: lo que sucede al ralentizar la música de las ardillitas…

Alguna vez di un pequeño taller de radio a arrapiezos de secundaria. Usamos software libre para editar audio y para transmitir en red. Nos lo pasamos mejor que Nigel Tufnel en una tienda de guitarras: a splendid time, que dicen los ingleses. Al usar el programa de edición de audio, los chavales comenzaban invariablemente a probar efectos con una técnica nada sofisticada pero bien efectiva: acelerar la voz para sonar “como ardillitas.” Las risas estaban garantizadas.

La técnica, ni nueva ni compleja, se volvió famosa en 1958 gracias a Ross Bagdasarian, quien grabó un novelty hit, un single de 7” para llenar el mercado navideño; el disco en cuestión se llamó The Chipmunk Song (Christmas Don’t Be Late) y fue atribuido a Alvin & The Chipmunks, un trío vocal de mentiritas. El quid estaba en que parecía que tres ardillitas de caricatura (con su personalidad bien definida: el insolente adorable, el intelectual y el ingenuo) cantaban una pegadiza canción de Navidad – un trancazo bubblegum de vanguardia. El éxito fue mayúsculo: ganó premios, el dinero entró a raudales y pronto había discos de Alvin & The Chipmunks por todos lados, una serie de televisión e imitadores en cada esquina.

Mi copia del "Chipmunks Sing The Beatles Hits" en Liberty Records, 1964. ¡Joya!
Mi copia del “Chipmunks Sing The Beatles Hits” en Liberty Records, 1964. ¡Joya!

Acelerar la voz y aumentar el pitch no era una técnica nueva, pero nadie la aprovechó como Bagdasarian; los ingenieros de audio de Walt Disney la usaron para Chip & Dale; el genio Joe Meek la plasmó en disco con gran tino en su vanguardista-kitsch I Hear A New World y más adelante lo hicieron también astros pop como Bowie (The Laughing Gnome) o -ya en el XXI- Kanye West, pero el sello se quedó: a eso que hicieron le llamamos “voz de ardillita.” En México, el fenómeno Chipmunk fue tropicalizado por el gran Lalo Guerrero, cuyos discos se vendieron como pan caliente (disculpad la frase hecha) y, de hecho, su nombre va casi siempre asociado a las Ardillitas a pesar de su genial y prolífica carrera.

Así como los chavales del taller de radio gustaban de acelerar su voz, también la ralentizaban al extremo, de modo que sonase repulsiva. Es la misma idea, a la inversa; el complemento, vamos. Todos los que amamos los sonidos lo sabemos. Brian Borcherdt, claro, lo sabe. El músico canadiense (cuyo currículum incluye los proyectos By Divine Right y Holy Fuck) se encontró con un puñado de viejos álbumes de Alvin & The Chipmunks, de su etapa 80’s new wave (¡la tuvieron: hay un disco llamado Chipmunk Punk que intentó dañar las listas pop con versiones de los éxitos nuevaoleros del momento!); los puso en una reproductora de discos que puede correr a 16 revoluciones por minuto -¿dónde carajos se encuentra algo así?- y se valió de Internet para compartir el resultado. La combinación es… bueno, se me escapan los adjetivos. Pero lo intentaré: es puro post-punk escalofriante e inaudito, con momentos que se acercan al doom metal más opresivo y otros que recuerdan la claustrofobia del “Unknown Pleasures.” Canciones pop como You Keep Me Hanging On o Call Me en manos del combo Chipmunks/Borcherdt suenan… espectacularmente escalofriantes. Sin querer, tal vez, pero qué pasada. Ca-ra-jo.

El de Borcherdt no es, ni lejos, el primer intento de ralentizar a las Ardillitas (en la red sobran) ni de exponer la técnica de grabado. Pero sí es la propuesta más interesante. Hay que darle una escuchada y maravillarse. O entrar en pánico.

C/S.

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