Música “nueva” que debes escuchar: Prix*

Buscar discos y canciones es, a veces, un acto detectivesco, casi arqueológico. El siglo XX, el de los discos y las cintas, dejó algunas joyas enterradas debajo de capas y capas de información online, streamings y archivos digitales. Dar con ellas es crucial para alguna gente, los nerds del pop, que se niegan a asumir la música como un ruido de fondo o soundtrack de la caminata (o carrera) matutina; porque la música importa, qué carajos, y dice cosas sobre nosotros lo mismo (o mejor) que un incunable recién descubierto.

Hay reliquias cuyo valor estético e histórico no puede pasarse por alto. Una de ellas, qué suerte, acaba de ser revelada al mundo. Un artefacto de hace cuarenta años que llega al siglo XXI para decirle que no tan rápido, que aún hay que valorar algunas cosas del pasado para abordar este presente imbécil.

Se trata de Historix, el único LP de Prix, aquella legendaria banda de Memphis.

¿Quiénes?

Ok. Primero, un flashback:

Hubo una vez un grupo, el más maravilloso de todos, llamado Big Star. Lo formaban Alex Chilton y Chris Bell como guitarristas, Andy Hummel en el bajo y Jody Stephens en la batería. Sus melodías eran algo beatlescas, sus armonías vocales eran perfectas y su volumen, mefistofélico.

Son, pongámoslo así, el Velvet Underground de los nerds (y de Memphis, otro lugar definitorio para el pop, como aquel Nueva York warholesco.) #1 Record (1972), su primera placa, es un disco tan perfecto como ignorado en su tiempo pero que, con el tiempo y su difusión de boca en boca se instituyó como un álbum de obligada escucha que fue el cigoto de un montón de bandas maravillosas. Son el Abraham del power pop, ese sonido guitarrero radiante y bullicioso de la juventud eterna, los corazones rotos y la nostalgia sin plañidos. Lanzaron un segundo álbum, Radio City (1974), que le hizo a las listas pop lo que el viento a Juárez pero, él solito, inventó las carreras de R.E.M., The Posies o Teenage Fanclub (y contiene September Gurls, el hit más grande que nunca lo fue.) Chris Bell dejó la banda y murió en 1978, uniéndose al club de los 27. Chilton prosiguió su carrera y produjo a los Cramps e inspiró (y colaboró con) los Replacements, Tav Falco y el movimiento no wave en Nueva York. Hummel se retiró y Stephens hueseó aquí y allá; es el único vivo hoy y sigue haciendo música.

Fin del paréntesis. Retomemos:

En 1975, Tommy Hoehn y Jon Tiven, dos chavales rijosos, formaron Prix. Su idea –no podía ser otra– era conquistar al mundo armados de guitarras y tambores. Ya habían colaborado con Chilton y Bell cuando éste ya amenazaba con dejar la banda. Cuando sucedió la partida, Hoehn y Tiven incluso tocaron en vivo con Big Star y colaboraron en varias sesiones de grabación. Aprovecharon para comenzar a registrar sus propias canciones en los estudios Ardent, con la colaboración de Chilton, Bell y algunas otras lumbreras como Jim Dickinson y Hilly Michaels (de Sparks.) Con todo, el grupo no pasó de grabar varias canciones y lanzar un par de singles y se sumió en la oscuridad más honda y pesarosa.

Y eso, carajo, es una lástima.

Pero aquí viene la parte bonita, ese momento de nuestro relato en el que la reliquia es descubierta y suenan coros empíreos, guitarras célicas y tambores épicos; y, bueno, es que así sonaba justamente el artefacto. Los héroes encuentran, tarde o temprano, su lugar. En 2002, el sello japonés (¡tenía que ser!) Air Mail Recordings lanzó un CD, que tituló apropiadamente Historix, con un buen puñado de canciones de las sesiones de Prix. Fuera de un cúmulo de nerds, el disco pasó desapercibido; pero su paso a estar en las bocinas de más y más gente había comenzado.

Es 2016. Y HoZac Records ha relanzado, por primera vez en CD remasterizado y en vinilo, Historix de Prix, la joya perdida que por fin pierde el adjetivo. El álbum es una maravilla. “Girl” y “She Might Look My Way” son obras maestras, lo mismo que “Every Time I Close My Eyes” (debieron ser hits de Top-40); hay baladas increíbles como “Love You Tonight (Saturday’s Gone)” y algunas maravillas co-escritas por Alex Chilton como “Take Me Home And Make Me Like It.” Pero no hay como dar play, dejar que el disco gire, y ponerse vulnerable ante él. Es un gustazo.

A escuchar.

¡Págüerpop tu de pípol!

*El título de la sección resulta complicado esta vez: no es música literalmente nueva, pues fue grabada hace cuarenta años, pero sí es nueva en el sentido de que es la primera vez que existe un acceso masivo a ella. Eso.

 

C/S.

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