Coin-Op 02: China Gate y la virtud de revisitar

Gracias al pasado aniversario de Dragon Ball (la serie animada cumplió 30 años el pasado febrero) hice memoria de algunas cosas relacionadas con esa franquicia. Entre lo que recordé se encuentra un videojuego de 1987 llamado China Gate. Fue desarrollado por Technos Japan (los de Double Dragon, River City Ransom y cosas así). ¿Qué tiene que ver con Dragon Ball? Que al igual que la saga de Gokú, está basado en Viaje al Oeste, la épica literaria más importante de oriente.

China Gate es una peculiar mezcla entre juego de plataformas verticales y beat’em up. Básicamente avanzabas a través de habitaciones en una fortaleza/torre del mal; para pasar de una a otra debías eliminar a todos los enemigos y vencer a un jefe de nivel. Era como jugar Final Fight en escenarios de Ice Climbers.

Los personajes que puedes elegir en este juego están inspirados en los protagonistas de Viaje el Oeste. El principal es Goccoo, obviamente es una versión de Sun Wukong, el rey mono; otro personaje hace referencia a un cerdo humanoide llamado Hakai (el mismo en el que se inspira Oolong de Dragon Ball) y el tercer personaje elegible es un kappa llamado Gojoe, del que no sé nada, no sé si aparece en la novela, porque, pues, nunca he leído Viaje al Oeste completa, sólo resúmenes. De igual manera los villanos hacen referencia a la novela, pues se trata de monstruos y demonios clásicos de varias mitologías orientales, incluso aparecen por allí figuras salidas de El Ramayana y otros relatos asiáticos.

Se ven un poco child molesters, pero estos son los protagonistas de China Gate.

En realidad China Gate no es un juego memorable. Lo jugué mucho porque en 1992, cuando el furor por Street Fighter II estaba a tope, yo era muy inútil como para desafiar a los cracks de los juegos de pelea que pululaban en mis maquinitas de confianza, entonces, me tocaba esperar mucho para tener un turno en los juegos más cool y durante ese tiempo tenía que entretenerme con los arcades de segunda como Bad Dudes o China Gate. Debido a esa exposición forzada, el juego se quedó en mi memoria.

Un par de años después había olvidado China Gate y descubrí Dragon Ball. Ya a mediados de los 90, mi obsesión por las aventuras de Gokú era enorme, pues ya habían comenzado a transmitirlas en TV abierta en México. En 1996 entré de lleno a internet y mi primer uso de la (jiji) supercarretera de la información fue buscar cosas sobre Dragon Ball, carajo, tenía un horrible sitio en GeoCities dedicado a eso. Quería saber todo sobre la obra de Akira Toriyama y eso me llevó a investigar mucho sobre las referencias e influencias de la serie. Conocí Viaje al Oeste y una cantidad enorme de productos e historias que alimentaban la mitología de Toriyama y  el universo de Gokú.

En 1997 descubrí la emulación de videojuegos en PC. Mi obsesión por Dragon Ball me llevó a probar todos los juegos de la franquicia que habían aparecido hasta ese entonces. Ninguno había sido publicado en América. Ahora puedes descargar todo eso en un archivo zip con un solo clic, pero en la era dial-up, la búsqueda y descarga llevaba horas, incluso días, y hacer funcionar uno sólo de los juegos era un logro. En esa búsqueda me topé con un dude más loco que yo que ya tenía la mayor parte de las ROMs (el software de juego extraído de los cartuchos) de los videojuegos de Dragon Ball y mucha información sobre el funcionamiento de los emuladores. Gracias a ese tipo pude probar los juegos y aprendí bastante sobre los emulación de distintas consolas y de juegos de arcade; en aquel entonces todavía representaban la punta de lanza en cuanto a gráficos y tecnología. Mi obsesión principal se trasladó de Gokú a mis fighters favoritos de Neo Geo y CPS (el sistema arcade de Capcom). En ese entonces (circa 1998), surgió el Multiple Arcade Machine Emulator (MAME, para los panas), una plataforma que podía correr casi todos los sistemas de arcade bajo una misma interfaz. Mi computadora de ese entonces no era lo suficientemente poderosa como para ejecutar apropiadamente los juegos de Neo Geo de finales de los 90, así que con el tiempo me decanté por revisitar los arcades que jugaba antes del boom de los juegos  de pelea.

Dragon Ball Z Hyper Dimension. El Santo Grial de los juegos de DBZ para SNES.
Dragon Ball Z Hyper Dimension. El Santo Grial de los juegos de DBZ para SNES.

Pude dominar Golden Axe, Altered Beast y cosas más oscuras como Mutant Fighter o Tumblepop. Y los disfruté más que en las maquinitas, porque ya conocía los arquetipos clásicos de la fantasía medieval como el bárbaro, el enano y también figuras como los monstruos mitológicos que aparecían en esos juegos. En el caso de Tumblepop, me di cuenta de que prácticamente todos los personajes eran reciclados de otro juegos de Data East, sprite por sprite. Descargué muchos juegos que apenas probé, otros completamente desconocidos, algunos que sólo aparecieron en Japón y hasta juegos DIY de Rusia y Europa central. Los encontraba en páginas de fans, en foros, en FTPs, en canales de IRC… Todo lo que existía antes de Emule y los torrents. Apenas conocí la banda ancha comencé a descargar juegos por lote, colecciones enteras, por desarrollador, por sistema. Todo. Entre esas gigantescas pacas digitales de juegos me encontré con cosas que conocía pero estaban empolvadas en mi cabeza (como Hard Head, del que escribí hace tiempo) y fue entonces que me reencontré con China Gate.

En ese entonces ya sabía demasiado sobre Dragon Ball y eso hizo que China Gate tuviera una sabor diferente. Igual que con Golden Axe y esos juegos con los que me reencontré, comprendí muchas cosas que antes había pasado de largo. Tenía muchos más referentes mitológicos y literarios, disfruté China Gate en un nivel distinto. ¿Mejoró el juego? Em, no. Nada. Seguía anodino, pero lo disfrute por otros motivos.

Póster promocional del juego dirigido a los dueños de maquinitas. No creo que haya sido muy efectivo.
Póster promocional del juego dirigido a los dueños de maquinitas. No creo que haya sido muy efectivo.

El haber regresado a este juego con más conocimientos y referencias es una experiencia que rescato porque  fue ese el momento en que me percaté que detrás de las cosas ñoñas que siempre me han gustado hay otras personas igual o más ñoñas que yo, como creadores. Gracias a China Gate me surgió la comezón de regresar a cosas como los Muppet Babies, donde aparecían cientos de referencias a películas antiguas de serie B que por aquel entonces eran de mis nerdadas favoritas. Me encantaba buscar elementos otaku en juegos japoneses y regresaba a las primeras temporadas de los Simpson para encontrar las numerosas referencias a Kubrick y Scorsese.

Amo revisitar películas, libros, juegos y música. Una pieza cultural gana o pierde valor de acuerdo a su contexto como obra y a tu contexto como espectador/lector. Una obra te dirá cosas distintas de acuerdo al momento de tu vida en el que te acerques a ella. Tus conocimientos y emociones cambian y con ellos la lente a través de la cual ves al  mundo. En fin. Que vale la pena revisitar las cosas.  Claro a veces el globo se desinfla. En mis años de teen me encantaba el Pink Floyd de The Wall… Ahora me parece mucho más virtuoso todo lo que hicieron antes de eso y The Wall, bueno, me parece casi insoportable.

Cambiar de visión nunca está mal.  Abandonar las historias sí. No digo que debemos volver a experimentar todo, pero si tienen por allí una obra que recuerden entrañable, regresen a ella cuando tengan un respiro del presente. Tal vez será más grandiosa de lo que recuerdan. O podrías llevarte una desilusión. Hay detractores de la nostalgia como los hay del presente; en mi opinión, el pasado o el presente pueden ser igual de malos, pero eso ocurre cuando es tu visión la que se ha quedado estática. El movimiento, ya sea en tus recuerdos o vivencias, siempre te permitirá tener muchos puntos de vista simultáneos, una visión de mundo más completa y podrás aprender algo siempre. Por eso he visto Gremlins II unas 160 veces. Todavía no le encuentro algo bueno, pero confío en que ese momento de la vida llegará eventualmente.

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