Bowie

Notaesto era para el cumpleaños de David Bowie,  hace un par de días, el 8 de enero. Pero, ya saben, la vida “adulta” a veces se mete en donde no la llaman y nos echa a perder la otra parte , la que está llena de gente maravillosa que escribe, filma, actúa o produce.  De nuestras pequeñas obsesiones. Sea pues.

Lorena Mi canción favorita de Bowie es Oh! You Pretty Things. Escoger fue difícil, mucho más difícil de lo que anticipé. Bowie tiene canciones que te destrozan el corazón, que te hacen bailar, que te llenan de sentimientos raros y te envuelven en su historia. Tantos himnos a la mano y tener que escoger uno es casi un crimen, pero Pretty Things le ganó a Kooks, Space Oddity, Five Years y Drive-In Saturday porque es una canción que me lleva directamente al momento de mi vida en que descubrí a Bowie con Hunky Dory — esas tardes de sábado escogiendo la ropa que me iba a poner (obviamente cambiándome 17 veces antes de decidir por vestirme de negro, como siempre), cantar en la regadera y maquillarme demasiado, porque sí, tuve una época en la que el maquillaje de arcoiris era my thing. Sé que no es la canción más especial de Bowie, pero la nostalgia ganó esta vez.

 

Daniel No pretenderé que toda mi vida he sido fan de Davide Bowie, o que mi primer disco fue The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, o que ya había tenido atorada en la cabeza Let’s Dance antes de jugar Elite Beat Agents. Como la mayoria de los niños de los 80, para mí Bowie era Jareth the Goblin King. Pero no, mi cancion favorita no es de Labyrinth.

Simplemente escuchaba David Bowie y ya. Por recomendación, porque oía alguna de sus melodías en otro lado o porque yo mismo las descubría. Si embargo, fue hasta 2013 cuando seleccioné a una canción de Bowie como mi favorita: Space Oddity. Tal decreto fue, igualmente, gracias a una película: The Secret Life of Walter Mitty.

En Nuuk, Walter se imagina a Cheryl con una guitarra sobre el pequeño escenario del café. “This one goes out to Walter Mitty. He knows why”. Ground control to Major Tom… La cuenta regresiva le indica a Walter que el tiempo se le acaba. Check ignition and may God’s love be with you. En ese momento Walter decide dejar de soñar y decide actuar. This is Ground control to Major Tom. You’ve really made the grade… Walter no puede creer lo que acaba de hacer. Claramente está asustado pero también emocionado por lo que le espera. Now it’s time to leave the capsule if you dare.

La canción correcta para el momento adecuado.

Ulises  La primera vez que escuché a David Bowie fue con Ashes to Ashes. Fue en un videocassette betamax que encontré en un tianguis; estaba lleno de grabaciones de un primitivo MTV, una abigarrada mezcla de eso que ahora llaman clásicos u oldies. De pronto, un brillo rojizo, marciano, y un arlequín con voz de robot… En cuanto escuché ese sonido espacial de sintetizador supe que tenía que averiguar todo sobre ese tipo en la pantalla y sobre las cosas que cantaba, porque asumí que esa figura pálida le cantaba al futuro. Pasaron veintitantos años y supe que esa canción sci-fi es secuela de Space Oddity, otra canción sci-fi que en realidad hablaba de drogas. Muchas más de sus historias y canciones me enseñaron que Bowie predicaba con rareza e inconformidad un mensaje de progreso, del futuro; él trataba de alertarnos de esa microscópica visión de mundo que tenemos llena de roles sociales y sexuales y vergüenza y limitaciones y todas esas cosas de las que Ziggy Stardust no sabe nada, porque no tienen lugar en su visión policrómica, porque él, su música y su arte rebasaron a la humanidad. Nos dejaron atrás. Pero nos invitó a alcanzarlo, a reunirnos con él, el Hombre Estelar. Conozco varios centenares más de sus canciones y posiblemente hay muchas mejores, pero a Ashes to Ashes le tengo un cariño especial porque encapsula todo lo que es Bowie y Bowie es un ideal, un ideal del potencial que tenemos todos de ser extraordinarios.

Alex Sí, escoger la canción favorita de Bowie es muy complicado porque, en principio, hay que escoger la versión de Bowie que estás escuchando. Y es que prácticamente cada década tuvo una, algo muy afortunado en este mundo ahogado por las alertas de correo y el culto a la selfie.

En alguna película, el personaje principal tomaba una cuchara y dice las palabras:  Ground control to Major Tom. Y luego en otra. En otra. Y otra. Y en cinco o 20 series de televisión. Al final, te gana la curiosidad y escuchas la canción original y te das cuenta de que, en primera, los actores siempre la cantan fuera de tono y luego, que es mucho mejor de lo que te la imaginabas. Si son como yo (y lo lamento mucho, de ser así), la obsesión por la catalogación de cada uno de sus discos, CD y casetes, dejó de existir hace años. Oh, sí, yo era de los que tenía organizados sus discos por géneros, intérpretes y al final, orden alfabético. Pero un día eso desapareció y le dio paso al “¿tienes un Greatest Hits?” Pásame el Obras Condensadas, el Megamix, el Todo lo que Debes Saber.

Y estaba equivocado. Después del Grandes Éxitos Now That’s What I Call Bowie, tuve que buscar otros discos, porque la elección de esos álbumes siempre tiene que ver con los hits y no con algunos maravillosos lados B. Al final, el sistema de clasificación se va al demonio, porque poner todo en cajitas y con etiquetas no funciona con Bowie.

Mi canción favorita hoy es Life on Mars. La letra no dice nada que puedas analizar, pero la sientes. Está llena de melancolía, en mi caso. Y eso es lo maravilloso de la música, de las letras, de los acordes: para el autor tal vez signifique: “este es el día que me puse un pase brutal” y para nosotros “esta es una increíble historia de amor”. Es, además, el nombre de una de mis series favoritas y completamente perfecta para ser el leitmotiv en el viaje misterioso de Sam Tyler del siglo 21 a la década de los 70.

Mañana, mi favorita será Suffragette City. Por la tarde, tal vez  The Stars  (Are Out Tonight).  Y en la noche, Heroes, porque soy un cursi irremediable que ama los romances que nunca serán. Es lo bueno de Bowie. Hay miles de ellos.

Esteban Mis amigos y yo, birras de por medio, solemos montar un número cuando hay una guitarra presente: una versión ridiculérrima mal-traducida y casi de himnillo tropical de Space Oddity de David Bowie. A nosotros nos parece comiquísimo pero en un par de ocasiones en que lo hicimos en público (incluso sobre un escenario) se nos reclamó el gesto. Y es que Bowie se ha convertido en una vaca sagrada para bien y para mal. No es que no lo merezca, vamos, eso ni se discute. Pero habría, tal vez, que entender que cantar “toma tu itacate y ponte el cinturón” en lugar de “take your protein pills and put your helmet on” es uno de los mejores homenajes que puede hacerse a Bowie. Porque es apropiárselo. Es hacerlo ingresar a territorios en donde no estaba antes. Es hacerlo más importante.

A lo que voy es: sin ser fan-from-hell de Bowie, tiene canciones que inevitablemente son parte de mi vida. Son canciones a las que les tengo ya no digo cariño, sino amor. Sobre todo aquellas que puedo cantar a la menor provocación con la panda de amigos, a las que puedo cambiarles la letra o sólo tararear al caminar por la calle (no uso audífonos cuando paseo por la ciudad; prefiero los ruidos de la civitas y la melodía que a mi cerebro se le antoje recordar.) Mi favorita para cantar, además de la historia del Mayor Tom, es Love You Till Tuesday. Es, de por sí, emocionantísima y colorida. Y es de una de mis etapas favoritas del multifacético Bowie. Pero me gusta, sobre todo, porque esa melodía y esas inflexiones de voz son perfectas para jugar a hacer el ridículo en la regadera, en la cogorza o sobre un escenario. Bowie va de lo grave a lo agudo y de lo grave a lo leve con una facilidad genial; se nota que se divertía haciendo eso (era antes de colgarse el compromiso de art-rocker que luego fue su marca registrada.) Se reía, con ganas, cantando. Reto a quien lea esto: apréndase esa letra, cántela en voz alta imitando las combas vocales del Sr. Jones, hágalo de la manera más exagerada. De nada.

Ya lo escribí en otro lado: lo que me gusta de Bowie no es que fuese de otro planeta, es que era profundamente de este. Que no era un extraterrestre, sino un tipo sensible y con un amplio (¿interminable, quiero decir?) sentido del asombro. Que no se tomaba tan en serio como nosotros hacíamos a veces.

Alguna vez me prometí nunca escribir sobre Bowie. Razones tenía. Hoy han quedado pulverizadas, por suerte. Y a veces es bueno romper promesas que son ataduras.

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