México

México es ese país en donde las mismas personas que se ofenden por una corrida de toros, descalifican a aquellas que quieren que se localice a un grupo de estudiantes que seguramente fueron ejecutados.

El mismo lugar en el que una persona le toma una foto a su café de Starbucks, ofendidísima porque no supieron deletrear a la perfección su nombre, salido de alguna novela rusa. Pero que, si ven un niño pedir limosna, aseguran voz en pecho que está drogado, que no necesita el dinero. O que no tiene hambre.

Un país en donde el de enfrente siempre es quien está mal. El otro es “nerdo”, “puta”, “joto”, “chairo”, “godínez” y yo no, porque yo no soy contador, no me pongo leggins o no me involucro en nada que huela a política. Mientras tanto, también llevan su comida en contenedores plásticos, también se cogieron a alguien a quien no conocían solo porque meneaba bien las nalguitas en el antro, también se obsesionan con minucias y también checan cada cinco minutos los días 14 su sistema de banca en línea para ver si les depositaron el salario que, uh, se ganaron en una oficina.

En México queremos que haya libertad de expresión, siempre y cuando no sean los temas que no queremos en el momento en el que no deseamos escuchar de ellos. Es decir, la gente se tiene que mamar nuestros 319 tweets al respecto del reality show de moda, pero nos quejamos si justo después de esa transmisión, comienza el final de una telenovela y nuestros contactos hablan de ello. Condenamos el que “Facebook” sea una entidad “retrasada en noticias” y “naca”… pero no es la red social, son nuestros “amigos”.

México es ese país en donde hay gente que siente que les arruinaron la semana porque iTunes les puso un disco entero de U2 de manera gratuita en el iPhone, pero que se encoge de hombros y suelta un “meh”, si alguien se mete en la fila, si notan que alguien roba dinero de la empresa en la que trabajan o si saben que alguien que conocen golpea a su esposa.

No, pues viva México,

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