Re-Animator: 30 años de un clásico gore

I

Creo en los rituales. Me hacen sentir bien. Me refiero a pequeños rituales cotidianos, caprichillos simbólicos; no es asunto supersticioso ni religioso. Es, más bien, reconfortante. Como cuando Rob reordena sus discos en pleno crac vital en Alta fidelidad. Es ponerle un signo de puntuación a la vida diaria. O una letra capital.

Hace cuatro años me mudé. Han sido casi 1,500 días, aquí sigo y no puedo quejarme. Me gusta mi lugar. Pero a lo que voy: recién mudado y desempacado, tenía que pasar por el ritual de rigor al llegar a un nuevo lugar o al inaugurar un nuevo año. Y ello consiste en ver una primera película, poner un primer disco y leer un primer libro. Para la buena suerte o lo que sea…

La primera película en esta casa fue, muy apropiada para los octubres, Re-Animator. Un buen inicio a una etapa vigente. No podía ser de otro modo. Porque, hey, Re-Animator es una peliculaza, ¿no?

II

Debo admitir que no estoy muy en la onda zombie que, cual ataque ídem, ha contagiado al mundo en los últimos años. Pero si me preguntasen por mis muertos vivientes favoritos, tendría que mencionar entre ellos, sí o sí, a los de Herbert West, Reanimador, sensacional libro de H.P. Lovecraft (aunque algunos críticos de ceja alzada insisten en que es una obra menor.) Una maldita gozada, he dicho. El relato fue publicado por entregas en la revista de bolsillo Home Brew, editada por George Julian Houtain, en 1922. La trama es de sobra conocida, aunque no por ello desmerece: un estudiante de medicina y su sidekick se ven involucrados en una serie de horrendos acontecimientos a partir de sus intentos de revivir a los muertos mediante una sustancia inyectable. Lovecraft medio renegó de ella alguna vez, pero igual le ayudó a pagar la renta y, de paso, le colocó entre los primeros autores visionarios que hablaron de muertos vivientes en la cultura popular del XX. Y pensar que todo comenzó como una parodia malintencionada del Frankenstein de Mary Shelley…

III

Pero, Re-Animator, decíamos…

Peliculaza, ¿no? Y cumple 30 años este octubre. Se estrenó, de hecho, un 18 de octubre de 1985. Ojo al dato.

No sólo de Volver al futuro vive el hombre…

Venga, admitámoslo: no es una película para exquisitos (punto a su favor.) Es violenta y hay mucha sangre y efectos especiales muy molones (punto a su favor.) Va de zombies, pero no de esos apocalípticos que caminan lento, sino de muertos vivientes producto de errores científicos, de cálculos mal planeados, de negligencias de locos en batas blancas (punto a su favor.) Es, claro, la adaptación de Herbert West, pero es una versión libre-muy-libre que se toma muchas licencias para, de algún modo, trascender la historia lovecraftiana y crearse un universo propio (punto a su favor.) Hay, además, montones de chistes grotescos, música de sintetizador de Richard Band y esa estética de horror ochentero que resulta casi siempre irresistible (más puntos a su favor.) Peliculaza, dije.

Re-Animator es la obra maestra del director Stuart Gordon, especialista en llevar relatos de Lovecraft a la pantalla. La idea del filme surgió a partir del hartazgo de Gordon por las películas de vampiros, así que tomó la historia de Herbert West por recomendación de un amigo, con el fin de intentar algo nuevo y frescales. El proyecto inició como una obra de teatro, evolucionó a un guion para serie de televisión y terminó como película serie B con mentalidad A. Gordon fue fiel a su visión y con el apoyo del productor Brian Yuzna, creó un filme icónico, emocionante y visceral. De inicio a fin, por donde se le vea, Re-Animator es una auténtica película de autor: ¡tomen esa, exquisitos del cine!

IV

Re-Animator es hoy una película de justificado culto. Ya no las hacen como antes: entre el humor guarro, la anti-solemnidad de la puesta en escena y la fanfarrona actuación de Jeffrey Combs, es un festín para los fanáticos de la mezcla de horror/gore/comedia. El filme inspiró una pequeña saga: el productor Yuzna pasó a la silla de director en Bride of Re-Animator (1990) y Beyond Re-Animator (2003.) Peliculaza, insisto.

Los octubres suelen gustarme por muchas razones. Una de ellas es que es un mes lleno de rituales cotidianos, de caprichillos simbólicos. De monstruos que invaden las calles con mejor o peor pinta. De ponerle play a películas como Re-Animator, a la que hay que cumplirle el ritual de aniversario. No podía ser de otro modo. Porque, hey, Re-Animator es una peliculaza, ¿no?

C/S.

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