Trainspotting cumple 20 años

Escribo sobre Trainspotting sabiendo, de entrada, que voy a fallar miserablemente en el intento de comunicarles por qué llevo varios días pendiente del calendario, esperando el momento de darle clic a “Publicar” para leer obsesivamente una y otra vez lo que todavía no he escrito que ahora es gerundio.

Trainspotting se estrenó el 23 de febrero de 1996, por lo que hoy cumple 20 maravillosos años — como el obvio título de esta nota indica.

A pesar de que con los años he perdido la maravillosa habilidad de retener cantidades absurdas de información irrelevante, el sector que contiene el monólogo inicial de la película se mantiene intacto y aún puedo recitarla al unísono con Renton:

Choose Life. Choose a job. Choose a career. Choose a family. Choose a fucking big television, choose washing machines, cars, compact disc players and electrical tin openers. Choose good health, low cholesterol, and dental insurance. Choose fixed interest mortage repayments. Choose a starter home. Choose your friends. Choose leisurewear and matching luggage. Choose a three-piece suite on hire purchase in a range of fucking fabrics. Choose DIY and wondering who the fuck you are on a Sunday morning. Choose sitting on that couch watching mind-numbing, spirit-crushing game shows, stuffing fucking junk food into your mouth. Choose rotting away at the end of it all, pishing your last in a miserable home, nothing more than an embarrassment to the selfish, fucked up brats you spawned to replace yourself. Choose your future. Choose life.

Creo que Trainspotting fue la primera película que me asqueó tanto como me emocionó.  No la vi cuando salió, obviamente, porque tenía 9 años. Fue hasta que tenía como 12 o 13 años, por ahí del 99, cuando me topé con la película dirigida Danny Boyle basada en el libro de Irvine Welsh (que por cierto no leí hasta los 17). Se vale decir que “me gusta más la película que el libro” por una variedad de razones que incluyen:

1. Uno de los mejores OST de la historia

Toda la energía de “Lust for Life” es el primer hit con el que arranca la película y le marca el paso perfecto a Renton y su grupo de amigos heroinómanos. Con muy pocas películas siento que lo que estoy viendo en la pantalla no sólo mejora, sino que necesita, la música. Además, la variedad de artistas que comprenden el Vol. 1 y 2 del OST fue el primer abismo musical al que caí y vaya que es grandioso. Para mí, la música británica (en ese entonces) se reducía a The Beatles y Queen. Y de repente llegan Blur, Pulp, Brian Eno, Elastica — fue como Navidad, NAVIDAD EN DROGAS.

Cada uno de los momentos clave de la película viene acompañado de una canción que la adorna perfectamente.  El rave con “Temptation” y el cover de “Atomic”, una mañana incómoda con New Order, un pasón en el taxi con “Perfect Day” de Lou Reed y “Sing” de Blur, es que una oda a…

2. Un bebé muerto

Eso se lee más feo de lo que suena. Ok, suena igual de feo. Alex me recomendó mencionar algo que estaba obviando por completo: el morbo por ver la escena del bebé gateando por el techo. En esa época no existían los malditos spoilers de internet y tenías que enterarte de lo sórdido a través del primo de un amigo o de una revista.  “El bebé de Trainspotting” era una leyenda del cine, porque alguien se atrevió a dejar morir de hambre a un infante en manos de una bola de huevones irresponsables. Y aún así, no podías odiar a estos tipos ni a sus camisetas manchadas de las axilas.

3. “Sick Boy”

En los noventa, todas mis amigas perdían la cabeza por Leonardo DiCaprio, Freddie Prinze Jr. y Brad Pitt. Y ahí estaba yo, repitiendo la misma pinche escena del club, pensando que nunca en la vida conocería a un tipo tan cool como Sick Boy. Creo que hasta la fecha es el único dude que puede llevar el cabello oxigenado y no verse como un completo imbécil. Te estoy viendo, Eminem.

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4. El peor baño de Escocia

Ahora podemos dormir tranquilos sabiendo que el baño, en realidad, estaba cubierto de chocolate líquido.

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5. That bitch, Diane 

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6. Que no tenga moraleja

Trainspotting, más que tratar de ser una lección de vida y una historia para asustar a los jóvenes para que se alejen de las drogas (un poco como Réquiem), muestra las cosas como son. Sin glamour. Sin pretensiones. Renton, Sick Boy, Tommy, Spud y Begbie son unos malvivientes que rigen su vida con la ley del máximo placer. Ninguno siente remordimiento por sus acciones, a excepción del breve momento en que tienen que encarar sus consecuencias (como desayunar con los papás de la niña de secundaria que te tiraste la noche anterior o dejar la cama hecha un cagadero) por lo que lo único que persiguen es lo que quieren. Fuck the rest. Qué glorioso es ver a Renton caminar por la calle sabiendo que el dinero que está cargando fue a costa de sus amigos. Sus palabras dicen que cambiará, pero su sonrisa dice “no, ni madre”.

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But why would I want to do a thing like that? I chose not to choose life: I chose something else. And the reasons? There are no reasons. Who needs reasons when you’ve got heroin?

(Voy a dejar que alguien más escriba sobre la secuela, porque a mí no me emociona en lo absoluto)

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